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Hambre emocional.


¿Te has visto más de una vez asaltando el congelador después de haber comido hace poco con unas ganas inexplicables de comerte un par de kilos de helado, y sentías que podrías comer durante horas?

Pues bueno, esta hambre repentina, tiene más apariencia de ser hambre emocional que de ser hambre física. ¿De dónde viene esta hambre si no es del estómago? Si te pasa esto a menudo, y quieres saber cómo empezar a ponerle solución, quédate aquí unos minutos y lo aprenderás.


Para hablar del hambre emocional, primero parece necesario explicar qué son las emociones, para después relacionarlas con la alimentación. De manera habitual solemos hablar de emociones buenas y malas pero…


¿Sabrías definir qué son las emociones?

Las emociones son respuestas psico-fisiológicas (es decir, tanto a nivel mental, como corporal) que reaccionan frente a algo que ocurre bien, dentro de nosotros (interno), o fuera de nosotros (externo). Estas respuestas tienen como función informarnos de algo, y a pesar de que de manera general se tienden a clasificar como buenas o malas, estas no son positivas o negativas, sino que nos intentan dar la noticia de que algo está ocurriendo, ya sea a nivel interno o externo. De esta manera, las emociones que tienden a ser percibidas cómo negativas, como puede ser el miedo, no sería más que nuestro cuerpo avisándonos de un peligro, y preparándonos para huir o enfrentarnos a esta situación (interna o externa) que tanto miedo nos da. Por lo tanto, las emociones, a pesar de vivirlas de manera desagradable, en algunas ocasiones son muy necesarias, pues cumplen un importantísimo papel adaptativo.


Una vez ha quedado claro lo que son las emociones y para qué sirven, vamos de cabeza al tema que hoy queremos abordar:


La relación que tienen las emociones con la alimentación.


La relación entre las emociones y la alimentación empieza desde el momento en el que nacemos. Durante los primeros años de vida, son nuestros padres o cuidadores quienes se encargan de alimentarnos. Es por eso que se empieza a crear una importante relación entre la alimentación y el cuidado. No obstante, esta relación no es lo suficiente fuerte para explicar esta hambre emocional. Resulta imposible negar cómo la sociedad influencia el papel emocional que tiene la comida en nuestra vida. Desde pequeños, para celebrar nuestro cumpleaños se busca una tarta que esté muy buena, o se sale a comer a la calle,